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Envidian ser lo que nunca serán

En Showtime descubrí un programa (hace mucho) que se llama 7 Deadly Sins o 7 pecados mortales, conducido por Morgan Spurlock, famoso por el documental Super Size Me. El especial cubrió diferentes casos relacionados a esos pecados y con personas reales. Los siguientes dos casos llamaron mucho mi atención, ambos tienen que ver con la envidia.

Primer ¡De Wow!
FemSkin

Hombres que quieren ser y lucir como una mujer por un rato sin cambiarse de sexo y sin arriesgarse a ser descubiertos.

Para lograrlo, se ponen un traje protésico de silicón conocido como FemSkin. Detrás de este peculiar negocio familiar que manufactura las pieles de “muñecas” (considera este tipo de invento como una mascara, pero de cara y cuerpo entero), están cuatro personas, la mamá y sus tres hijos, porque el padre, quién lo inició, ya murió.

Hacen envíos de FemSkin para hombres donde sea permitido, excepto en el medio oriente porque ahí son más controladores y pasar una rareza así por la aduana, no sería hazaña fácil. Hay gente que hace lo que sea por ser por un rato lo que nunca será.

Y el segundo ¡De Wow!
Envidia de los discapacitados

Un hombre que a pesar de que no es discapacitado, anhela ser parapléjico y estar sentado en una silla de ruedas. El tipo lleva una vida aparentemente normal, pero para disfrutar ser un inválido, se va a otra parte de su ciudad a pasear en su silla de ruedas y así evitar ser reconocido.

El asegura que debió haber nacido inválido.

Al ver este caso, recordé la película Quid Pro Quo (algo por algo o un favor por un favor), con Nick Stahl, su personaje era el de un periodista de radio semiparalizado que descubre la existencia de un grupo de personas que aun teniendo sus cuerpos sanos, tenían fascinación con ser parapléjicos para andar en una silla de ruedas.

“Me doy cuenta que algunas veces me miran, también veo algo en sus ojos, envidia, envidian que yo puedo estar sentado y ellos no”.

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